La calma

Hubo abriles en que el color más delicado del día era el sonido del aleteo de las tórtolas contra el rumor grave de los motores en el frío de la mañana. Ni hablar del ulular de las sirenas, de la furia de los taladros en las freudianas contrucciones, el doppler a la espera del destello verde entre los codazos de quienes quizás nos reconocieron como pares.

El tesoro humeante de los granos molidos, la conversación a voz alzada imperceptiblemente que seguía a la antesala del sorbo, el libro abriéndose entre ligaduras y justificaciones a la esperanza del reencuentro que podría ser, la promesa de paz al llegar a casa, todo eso parecía cimiento suficiente del arrimo al colmenar plantado sobre el valle del Mapocho, al rincón de flores amarillas.

Pero acá el hombre se hizo lobo del hombre otra vez y recordé al bibliotecario traspasando el umbral, al viejo buscando el camino que llega a las madrugadas de rocío en la menta, al arriero de los cóndores, el que abre las sendas escondidas para oír el canto de los pájaros en la mañana, los que encontraron la humanidad en la yerba compartida en horas de calabaza, en noches de guitarra bajo la luz de plata, en cuentos que viven en los cerros, en el compartir de aquellos frutos maravillosos.

Teno 1 Teno

Teno 2 Teno

Angostura 1 Angostura

De pestes y semillas

Sauce en Angostura Un hermoso camino que me está llamando.

Si acaba la calima que nos ha secuestrado,
que se esfume el silencio.

Si el azote deserta junto a la muerte oscura,
que arriben golondrinas.

¿No te dueles, sitiada y rodeada de esos llantos?
Vuelve al fin, mariposa.

No vivo agazapado y me extingo sin que sepas
que tú serás mi lucha.

Porque al volver el sol renacerán los surcos
las simientes de estrellas esperando su tiempo
higueras y luceros aguardando el momento
de flores en tu rostro abriéndose a la mañana.

Parcela en Teno Norte Un hermoso predio en Teno, podría ser el lugar.

Parcela en Teno Norte

Higos y Guitarra

Higos y Guitarra

Una potente imago para mí: foco en el fruto de la higuera que deja a la guitarra en un no menos importante segundo plano. Si te gusta, puedes acceder a la fotografía original —bastante más grande— solicitándola a mi correo electrónico y cuidando después compartirla con los mismos derechos CC correspondientes.

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Higos y Guitarra by luis@escuchaelviento.cl is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License.

Congratulaciones

Contrapunto por congratulaciones en Twitter, un 21 de noviembre.

Caserío a orillas del canal al norte de Calen. Caserío a orillas del canal al norte de Calen. Febrero de 2015.

Si bien Eloísa es lotina en Santiago y Lucho es sanmiguelino–sancarlino en Ñuñoa, Parraguez en cambio vive en Chiloé cerca de Castro y me fue inevitable hacer recuerdos de ese amado archipiélago.

@siempreisla:
Congratulo al tañedor
del encordado estrumento
pulsando con sentimiento
en compaña al verseador.
De su arte conocedor
no escatima el ornamento
para darle condimento
a la décima encachá.
Admiro yo su volá
su persona y su talento.

@escuchaelviento:
Recibo en sincero orgullo
esa lúcida fluidez
del verso de Parraguez
tan avezado en lo suyo.
Más, envidio en el barullo
su paisaje de ficción
alivio de la aflicción
de este año de febril curso
y que alentara al concurso
a Eloísa y su canción.

@siempreisla:
Con esta tierra querida
me gané el premio más gordo,
es importante el entorno
donde uno siembra la vida.
Mas de pronto uno se olvida
que el paisaje uno lo escribe
dando lo que se recibe
y realidad construyendo.
Hay un paraíso latiendo
si con dignidad se vive.

@escuchaelviento:
Con su gente fue benigno
el Mapocho de agua y luz
hasta que un gris arcabuz
fue de su condena el signo.
Vuelve el hombre a vivir digno
en estos valles maltrechos
al pelear por sus derechos
—sostiene su reflexión—
pero… ¿hago una confesión?
Sueño con nalcas y helechos.

@menospalabras:
Yo sueño con la murtilla
con el maqui y el chupón
y la nalca, qué emoción,
con sal, merken, ¡maravilla!
Desde que era una chiquilla
que no como por montones
esos manjares y dones
de paladar exquisito
lo mejor y más bonito
de la infancia y sus rincones.

@siempreisla:
Tengo murta y calafate,
maqui y ricas avellanas,
frambuesa, murra y manzana
yerba buena para el mate.
Las nalcas aunque yo trate
me da penita cortarlas,
he preferido dejarlas
embelleciendo el paisaje.
Son frutos de este paraje,
riquezas que hay que cuidarlas.

@escuchaelviento:
Me sueño en un fogón
con un dulce de ruibarbo
mate de amargo garbo
churrasca humeante y tropón.
Cantará mi guitarrón
bajo las nubes australes
habrá música a raudales
porque el arte así se ensancha
luego a proa de una lancha
bogaré por los canales.

@siempreisla:
En este austral maritorio
fogón, conversa y comida
así se trama la vida,
son un rito obligatorio.
Es llamado perentorio
a la fuerza elemental
mitad sobrenatural
mitad humana y divina.
En esta isla se adivina
al ser humano esencial.

Misiá Eloísa sueña a Chile

El día 20 de noviembre mi amiga la cantora Lilian ArévaloMisiá Eloísa— ganó el tercer lugar del Concurso Nacional de Poesía «Décimas por el Chile que Soñamos» de la Facultad de Letras de la Universidad Católica de Chile con su poema Chile así te sueño así te canto. Tuve el privilegio de colaborar como guitarronero para que interpretara su hermosa composición cantada por La Común 1 que acompañé con Raúl, guitarrón chileno cuyas cuerdas de nylon proporcionan un sonido antiguo y blando, apropiado para la cantora.

A continuación el vídeo realizado por los familiares de Misiá Eloísa, Leonardo y Rubén Arévalo, en Renca.

Notas


  1. La Común es una entonación dispersa por todo el país y que es utilizada ampliamente en el Canto a lo Poeta tanto a Lo Humano como a Lo Divino: por eso se la denomina así. Es una entonación apuetizada, esto es, para cantar en estilo salmodiado y no estricto, adaptando la melodía al acento del verso. ↩︎

No tiene ni un brillo

Considerando lo precario de tiempo que puedo asignar al ejercicio en estos días, escogí abordar el Metro un par de estaciones más lejos y caminar aprovechando la sombra que al atardecer regalan los viejos edificios en las veredas del poniente de Independencia. Las tiendas de géneros, los carritos ofertando anticuchos, la gente cargando bolsas de compras con insólita motivación cuando lo razonable sería protegerse de la amenaza microscópica, ciclistas sospechosos pedaleando con desmedida velocidad entre los transeúntes, olores de aceite reutilizado, polvo desde las habitaciones de viejas pensiones y pasajes. Dos parejas de jóvenes, nada llamativos, que perfectamente podrían ser mis vecinos o amigos de mis hijos, conversaban tras de mí mientras me desplazaba a paso cansino en mi habitual estado de tranquilidad y confianza y fue cuando les escuché:

―No tenía ni un brillo.

―¿Pero no quedó embarazada como a los tres meses?

―Pero el compadre no tenía ni un brillo. O sea, ella estaba convencida que sí, el hueón se vendió bien pero, la verdad, era el hermano el que sí tenía brillo. Este otro no, decía que había hecho las tremendas cuestiones pero a lo más se habría robado un par de celulares, cosas sin importancia, nunca ha estado preso, nada de asaltos grandes ni fierros…

Seguí poniendo atención al inesperado elogio a la delincuencia como medio para destacarse socialmente hasta que el grupo tomó rumbo hacia el poniente y la charla se fue apagando para diluirse en el rumor del tráfago de la antigua Chimba. Aún ahora estoy impresionado con ese tono complaciente en la voz de los muchachos que, lejos de objetar la conducta antisocial, establecían el tipo y magnitud de los hechos delictuales como baremo de lo interesante o atractivo que puede ser una persona. Perplejo, caminé más resuelto y desconfiado mientras le daba vueltas a esta especie de llamado de atención o de insight. ¿Qué se hace cuando existe tal naturalización de lo antisocial? Porque redescubrirme con una tremenda fragilidad puede hacer cobrar fuerza a ideas como la de alejarnos de la capital —me llamas desde los cerros y tus vertientes, San Fabián de Alico— al mismo tiempo que me embarga la impotencia frente a lo que debe ser muestra de un problema mayúsculo, pero surge también la convicción de que algo más debe hacerse.

Por lo pronto, puedo adelantar que inicié la revisión de literatura biomédica correspondiente y confirmé que existen trabajos que abordan el tema de la naturalización de la delincuencia desde distintas perspectivas así que esta entrada representa un trabajo en ampliación que, por supuesto, requeriría también de un paso por la narrativa y la poesía chilenas que vienen tocando el tema al menos desde el siglo XIX.